El Olivo Natural (V) Un pueblo libre, una Ley.

A estas alturas ya deberíamos haber mas o menos comprendido que todo hijo de Dios es un hijo de Israel también, y como vamos a ver, eso afecta a nuestro modo de acercarnos a las escrituras y nos veremos identificados cuando se hable del pueblo de Israel en ellas. Veamos algún pasaje mas que ilustra esta verdad:

(Gá 3:7-9 [RV1960])
Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.
Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.
De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.

(Gá 3:26-29 [RV1960])
pues todos sois hijos de Dios por la fe en Yeshúa el Mesías;
porque todos los que habéis sido bautizados en Mashíaj (=Cristo), de Mashíaj estáis revestidos.
Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en el Mesías Yeshúa.
Y si vosotros sois de Mashíaj, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

Así que no solamente somos hijos de Dios sino hijos de Abraham, y en consecuencia hijos de Israel (Jacob) que era el nieto de Abraham.
Una vez teniendo esto claro, vamos a ver que consecuencias tiene esto.

¿Vosotros os imagináis a un rey o a un sacerdote que desconoce las leyes de su propia nación o de su denominación religiosa? ¿O un hijo que no respeta las normas de su padre mientras está en su casa? Aunque humanamente hay muchos casos donde esto se ha podido ver, no es una excusa para nosotros, siendo reyes y sacerdotes (Ap 1:6). La pregunta es: ¿Hay una ley que nos corresponda a nosotros como hijos de Dios y de Israel? ¿No es cierto que deberíamos estar tan dispuestos a obedecerle como El lo estuvo de entregar a su Hijo por nosotros? La respuesta nos la da nuestro Padre a traves del Mesías y de sus mensajeros.

(Dt 33:1-5 [RV1960])
Esta es la bendición con la cual bendijo Moisés varón de Dios a los hijos de Israel, antes que muriese.
Dijo: YHVH vino de Sinaí, Y de Seir les esclareció; Resplandeció desde el monte de Parán, Y vino de entre diez millares de santos, Con la ley de fuego a su mano derecha.
Aun amó a su pueblo; Todos los consagrados a él estaban en su mano; Por tanto, ellos siguieron en tus pasos, Recibiendo dirección de ti,
Cuando Moisés nos ordenó una ley (Torah = instrucción), Como heredad a la congregación de Jacob.
Y fue rey en Jesurún, Cuando se congregaron los jefes del pueblo Con las tribus de Israel.

(Jn 1:17)
Pues la ley por medio de Moisés fue dada, y (no: ”pero”) la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

¿Quién dio la Torah por medio de Moisés a Israel, o sea, a nosotros? Dios. Y nos dice la escritura que esa es nuestra herencia, nuestra parte como hijos suyos. Muchos olvidan que no solo es la ley de Moisés sino la ley de Dios, porque la dió El mismo. Asi que si tu eres un hijo de Dios, vas a obedecer a tu Padre en todo.

Sin embargo muchos dudan de que así sea… Las tradiciones cristianas, que derivan desde los primeros siglos han alejado esta gran verdad de la inmensa mayoría de los creyentes durante mucho tiempo. Todo esto deriva de una situación política que separó el cristianismo de sus raíces, durante la época del Imperio Romano. Las interpretaciones y doctrinas humanas, la falta de perseverancia en la reforma… muchos son los factores que han arrojado oscuridad sobre la Biblia y nos han impedido entenderla en su plenitud.

Pero, ¡gracias a Dios, que su obra sigue avanzando!

Lo primero que una persona puede plantearse, y con razón, es si toda la Torah sigue estando vigente, o si parte ha sido abolida, o si eso es cosa del pasado, o cual podemos aplicar ahora, etc. Porque la mayoría del mundo cristiano en general, cree que o toda ha sido abolida en la cruz, o parte de ella. Lo que debemos entender antes de nada, es que no ha sido abolida, en palabras de nuestro Señor:

(Mt 5:17-20)
No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.
Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.
De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño (indigno, menor, etc) será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.
Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Tenemos aqui varios puntos:

1. El Señor no vino a abolir la Torah o los profetas, sino para cumplir lo que en ellos estaba escrito, tanto en un sentido profético como en el sentido de cumplir con los mandamientos e instrucciones, que expresan la voluntad del Padre. Y en cierto sentido era también profético esto último, uno solo tiene que leer el salmo 119 y darse cuenta de que a nuestro Mesías le encantaba meditar en la Torah y ponerla por obra, era su deleite, ya que estaba escrita en su corazón. Es triste que muchos hoy en día salgan diciendo lo contrario, e incluso llegan a decir que transgredió el Shabat.

2. La instrucción (Torá) no dejará de ser, hasta que pasen el Cielo y la Tierra, eso sucederá según la revelación que se dió a Juan en Apocalipsis 21:1, después del Milenio, entonces todo se habrá cumplido. Hasta entonces esa instrucción sigue vigente para todo Israel.

3. Aqui es donde muchos yerran, en el verso 19. Suponen que el hecho de no guardar la Torá no implica que vayas a quedar fuera del Reino, sino que vas a ser ”menor” en algun sentido, y con esto algunos se relajan… si hemos seguido la serie desde el primer artículo, entenderéis que fuera de Israel no hay salvación, ya que es el medio usado por Dios para obrarla. El problema está en no entender, que guardar la Torá no es cuestión de honor, ni es una cuestión de reputación, es una cuestión de gracia, ya que la justicia de Dios manifestada por la Torá y los profetas, es escrita en todo creyente verdadero, en su corazón, como enseñan las escrituras… y el hombre no tiene ningún merito en esto, luego, todos estamos aqui al mismo nivel.
Una vez entendido esto, ¿Qué significan las palabras de Yeshúa? Alguien que es llamado ”pequeño” o ”menor” en el Reino, es alguien que no ha alcanzado la medida requerida, el estándar de la justicia, que es Mashíaj (Ver Romanos 12:3,6). Porque el es nuestro ejemplo. Quien no haya alcanzado esa medida, simplemente no va a heredar la vida eterna. En cambio, quien alcance esa medida (o mejor dicho: se deje alcanzar) será llamado grande, o sea, que habrá conseguido llegar a la estatura de Mashíaj, ya que solo el es Grande. (Si alguien tiene dudas, vea Efesios 4:13).

¿Cómo sabemos que esto es así? Por lo que dice en el versículo siguiente, el 20. ”Porque” si nuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraremos en el Reino de los Cielos… No tendría sentido el explicarles mas, si ya con el 19 hubiese quedado claro. Porque ellos no alcanzaban la medida que es Mashíaj. Recordad lo visto en el segundo artículo: El Olivo Natural (II) La semilla prometida

Esa medida, es la que se nos da desde la propia Torá, desde sus principios.

Ahora bien, muchos entonces objetan esto, razonando que si es así, también debemos sacrificar animales, o cumplir ciertos tipos de rituales, etc. El problema es no entender que todos esos ritos dependían del Santuario terrenal, pero ahora dependen del Celestial. Pero esta afirmación no es equivalente a decir que ha sido abolido, OJO. Esas instrucciones se cumplen de otro modo. Mashíaj es a quien apuntaban todos los tipos de sacrificios, el es el sacrificio perfecto, y su sacrificio es uno y para siempre, como se nos enseña en la epístola a los hebreos. Como el es también nuestro mediador y Sumo Sacerdote, el sacrificio es ofrecido por el mismo en el Cielo, y no es necesario hacer mas sacrificios en la tierra. Como vemos, detrás de cada mandamiento u ordenanza divina, hay principios que lo explican.

¿Qué diremos de la comida? Sigue vigente, ya que los animales de aquel entonces siguen siendo no aptos o incompatibles (traducción mas correcta de la palabra tamé en hebreo, traducida como impuro normalmente) para el consumo humano… el cerdo sigue sin ser rumiante, los mariscos siguen sin tener escamas etc… No ha habido ningún cambio en este sentido. Los animales siguen siendo iguales. El propósito sigue siendo el mismo.

Hay instrucciones de la Torá que fueron dados para ciertas circunstancias específicas de guerra, o actitudes del pueblo, o para cuando habitaran en la tierra de Israel, o para limpieza… etc. Detrás de cada mandamiento hay un principio. Si ese principio se sigue cumpliendo, también se cumple el propósito por el cual se dio el mandamiento ( es decir, se cumple el mandamiento, aunque de un modo indirecto). Es por eso que por ejemplo, hoy en día pese no haber templo, seguimos celebrando y recordando las fiestas del Eterno. No solo hay muchas instrucciones al respecto, sino que algunas de ellas no se pueden cumplir. Aun asi no es impedimento para que se siga cumpliendo el propósito de estas festividades en nosotros. Y esto lo que a algunos les cuesta entender. 

También leemos, como hacían los apóstoles y seguidores del Mesías en su época (Hechos 15:21), las porciones correspondientes de la Torá cada semana, para seguir aprendiendo e instruyéndonos.

Al contrario de lo que muchos enseñan o malinterpretan, la Torá no es un yugo de esclavitud, es mas bien una luz en medio de la oscuridad, una lámpara, un brillo de esperanza. Representa el comienzo de nuestra liberación del pecado, de nuestra maldad, la verdadera esclavitud. Ya que ”la Ley es espiritual” (Romanos 7:14), y es opuesta a nuestra carne de pecado. Ella nos enseña si estamos caminando hacia Dios, o hacia la muerte. Es nuestra cura, que solo Dios sabe aplicar.

En definitiva, como hijos de Israel, y de Dios, es nuestra parte el ser santos, como El es santo, guardando y cuidando de hacer su voluntad en todo tiempo. Siendo obedientes en todo. Todos los mandamientos y principios están calculados por El para que le conozcamos mas, nos enamoremos de El y tengamos una mejor intimidad y seamos llenos de su plenitud. Este es el modo en el que volveremos a reflejar la imagen que perdimos en el Edén.

Shalom. Espero que estos artículos le hayan sido de ayuda y de interés.

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